La segunda mayor economía del mundo está experimentando una baja considerable en sus tasas de inflación. Los casi dos años consecutivos de caídas en los precios industriales han encendido las alarmas ante el riesgo de deflación en China.
Si bien una bajada de precios puede parecer algo positivo a primera vista, la deflación es un fenómeno dañino para cualquier economía. Al generar una reducción del gasto y la inversión, frena el crecimiento económico y los beneficios empresariales. Esto se traduce en recortes salariales y de personal, aumentando el desempleo. Además, dificulta a familias y empresas hacer frente a sus deudas.
Los consumidores chinos optan por el ahorro ante la incertidumbre
La confianza del consumidor chino está en mínimos históricos, afectada por una prolongada crisis inmobiliaria. Ante este panorama, los hogares están optando por la prudencia en el gasto, lo que frena el consumo interno.
Algunos expertos proponen soluciones como bajadas de los tipos de interés, aunque el Banco Central de China ha querido evitarlo hasta ahora para no debilitar el yuan ni alimentar la inflación.
Las exportaciones chinas, una vía para mantener el crecimiento
Ante el freno interno, las empresas chinas buscan mercados en el extranjero donde mantener su expansión y beneficios. Pero esto ocurre cuando Occidente apuesta por el proteccionismo frente a China.
Algunos creen que China está «exportando» deflación con sus precios bajos. Otros lo matizan, ya que sectores como los coches eléctricos suponen solo un 4% de sus exportaciones. De todos modos, esto genera tensiones comerciales, con aranceles en Europa y EE.UU. para proteger sus industrias.
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La solución pasa por el diálogo: esta semana China inició contactos con Europa para encontrar una salida negociada a los aranceles y evitar una guerra comercial.
Vía Retail Dive


