La reciente escalada en la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha puesto en jaque a las principales marcas estadounidenses de moda y calzado, obligándolas a replantear sus estrategias de manufactura global y anticipando un inevitable aumento en los precios para los consumidores finales.
El nuevo paquete arancelario impulsado por el gobierno estadounidense ha establecido tarifas de hasta 145% a productos provenientes de China, generando una crisis sin precedentes para compañías como Nike, Gap, Levi’s y Victoria’s Secret.
Estas empresas, que durante décadas construyeron sus cadenas de suministro alrededor de la manufactura asiática, ahora enfrentan el dilema de absorber costos adicionales o trasladarlos a sus clientes.
Según datos revelados por la American Apparel & Footwear Association, el 97% de las prendas y calzado comercializados en Estados Unidos son importados, principalmente desde Asia, lo que coloca a estas marcas en una posición particularmente vulnerable ante cualquier modificación en la política arancelaria.
¿Cómo afectan los nuevos aranceles a los productos de consumo diario?
El impacto en los precios finales promete ser considerable. De acuerdo con proyecciones del grupo de Distribuidores y Minoristas de Calzado de Estados Unidos:
- Unas zapatillas deportivas fabricadas en Vietnam que actualmente cuestan $155 podrían elevarse hasta $220
- Las botas de trabajo manufacturadas en China pasarían de $77 a $115
- El calzado infantil incrementaría su precio de $26 a $41
Esta realidad se hará especialmente visible durante la temporada de regreso a clases, uno de los períodos de compra más importantes en Estados Unidos, que funcionará como termómetro del efecto real de estas políticas comerciales.
¿Cuándo comenzaron a implementarse estas medidas?
La implementación de estos aranceles forma parte de una estrategia comercial más amplia que ha venido escalando en los últimos años.
Si bien el presidente estadounidense ha suspendido los aranceles recíprocos por 90 días para la mayoría de países asiáticos —con excepción de China—, el gravamen global del 10% permanece vigente, afectando ya la planificación financiera de las empresas para los próximos trimestres.
¿Dónde se está reubicando la producción?
Ante este panorama, diversas compañías han acelerado su repliegue de China hacia otros destinos:
- Steve Madden anunció en noviembre una reducción del 45% en sus importaciones desde China, desarrollando nuevas capacidades productivas en Camboya, México, Brasil y Vietnam.
- Levi Strauss ha diversificado su producción entre Bangladesh, Vietnam, India y México, reduciendo su dependencia de China hasta el punto que solo el 1% de sus productos exportados a Estados Unidos provienen de ese país.
- Under Armour mantiene proveedores en Taiwán, China, Malasia y Vietnam para el 38% de sus telas, mientras su calzado se fabrica principalmente en Vietnam, Indonesia y China.
- Victoria’s Secret opera una extensa red con 20 plantas en Vietnam, 19 en Sri Lanka, ocho en China y otras distribuidas en India, Bangladesh, Camboya, México y Egipto.
¿Para qué se implementan estos aranceles?
El objetivo declarado de esta política es reducir los déficits comerciales que Estados Unidos mantiene con China y otros países asiáticos.
La administración estadounidense busca reequilibrar la balanza comercial y presionar para obtener mejores condiciones en futuros acuerdos, aunque el efecto inmediato será el encarecimiento de productos básicos como jeans, camisetas y calzado.
¿Por qué es difícil trasladar la producción a Estados Unidos?
La posibilidad de un retorno masivo de la producción a territorio estadounidense enfrenta obstáculos significativos:
- La industria textil estadounidense ha sufrido una contracción severa, pasando de 139,000 empleados en 2015 a apenas 85,000 en enero de este año.
- El costo laboral en Estados Unidos es considerablemente más alto que en los países asiáticos.
- Estados Unidos carece actualmente de una cadena de suministro completa para producir calzado y ropa a gran escala.
- Un zapato típico requiere más de 70 componentes diferentes, desde cordones hasta ojales metálicos, y no existen suficientes proveedores nacionales para estos materiales.
Como señala el especialista Carlos Hermosillo: «En cuestión de costos, producir local casi siempre sale más caro que importar y pagar arancel, aunque con cierto límite».
El futuro de las marcas estadounidenses en un mundo dividido
Esta guerra comercial ha expuesto una realidad incómoda: la etiqueta «Made in USA» dejó de ser viable para muchas de las marcas más emblemáticas del consumo estadounidense. El rediseño de sus modelos de negocio requerirá tiempo, inversión y probablemente tendrá costos que, en última instancia, podrían trasladarse al bolsillo del consumidor.
Mientras tanto, las empresas continúan adaptando sus estrategias en un escenario comercial global cada vez más fragmentado por tensiones geopolíticas, donde la flexibilidad y la diversificación geográfica se han convertido en factores críticos para la supervivencia en el competitivo mercado de la moda y el calzado.
Vía Expansión



