Las muñecas Labubu, creadas por el artista Kasing Lung, se han convertido en un fenómeno global. A solo $27 en su versión original, los peluches con estética de monstruo y conejo ya alcanzan precios mucho mayores en reventa.
Ahora, las grandes firmas de lujo están probando si sus fans también pagarán precios premium por ediciones exclusivas.
El impacto de las primeras colaboraciones
En junio, una subasta con 14 Labubus personalizados por Carhartt y Sacai recaudó $337,500, con una sola pieza vendida en $31,250. Incluso en el Abierto de EE.UU., la tenista Naomi Osaka promocionó versiones con cristales a $500.

Este furor llevó a Moynat, la maison parisina con 176 años de historia, a preparar una colección cápsula que incluirá bolsos desde $2,150 y accesorios a $450, disponibles desde el 11 de octubre en boutiques seleccionadas.
La apuesta de las grandes casas de moda
Marcas como Tiffany, Loewe y Omega han explorado la incorporación de personajes culturales para conectar con consumidores jóvenes.
Ejemplos exitosos incluyen el Speedmaster “Silver Snoopy” de Omega, cuyo valor se multiplicó por cinco en reventa, o las colaboraciones de Jimmy Choo con Sailor Moon, agotadas en cuestión de horas. Para Louis Vuitton, incluso significó crear su propio personaje: el Louis Bear.

La Generación Z y el valor emocional en el lujo
Expertos de Boston Consulting Group destacan que para la Generación Z, el lujo ya no se limita a la artesanía o el estatus, sino que refleja identidad, emociones y pertenencia cultural.
Personajes como Labubu actúan como celebridades digitales, con millones de seguidores que validan su relevancia en plataformas como TikTok. Según Jeff Lindquist, “lo lindo no es trivial, es estratégico”.
Riesgos y oportunidades de las colaboraciones
Si bien estas estrategias abren las puertas a nuevos públicos, también presentan riesgos. Un exceso de colaboraciones o la persecución de tendencias pasajeras pueden diluir la esencia de una marca.
Analistas advierten que la “manía Labubu” podría enfriarse, aunque la empresa fabricante, Pop Mart, ha visto crecer sus acciones 200 % en lo que va del año, pese a retrocesos recientes.
Un refugio emocional en tiempos de incertidumbre
Más allá de la moda, la fiebre por personajes entrañables refleja una necesidad más profunda. Los consumidores buscan distracciones positivas frente a la ansiedad económica. Para Bertrand Le Gall, de Moynat, el valor emocional de estas piezas es fundamental para mantener la relevancia cultural de las marcas:
“Los elementos encantadores conectan con la gente de una manera única”.
Para pequeños empresarios, la lección es clara: las emociones venden. Incorporar nostalgia, cultura popular o elementos cercanos a la identidad del cliente puede abrir nuevas oportunidades de crecimiento y conexión duradera.
Vía CNBC



