Fernando De León creció en la pobreza en México, pero tenía la doble nacionalidad mexicana y estadounidense. Siendo el único de su familia nacido en Estados Unidos, cruzaba la frontera todos los días para asistir a la escuela en Texas. Luego regresaba a México para ir a clases nocturnas con los hijos de los granjeros. Sus cruces diarios de la frontera le dieron acceso a la educación estadounidense, lo que cambió el curso de su vida.
Superando obstáculos con perseverancia
A los 12 años, De León perdió a su padre, lo que empeoró la situación financiera de su familia. Buscó formas creativas de ganar dinero, como traducir para promotores inmobiliarios estadounidenses en México. Su maestra no quería que participara en un concurso de ortografía, pero él persistió, practicó duro y ganó la competencia regional. Su determinación lo llevó a la universidad y más allá.
De un humilde inicio a la cima del éxito
Tras graduarse de la universidad, De León comenzó su propio negocio inmobiliario en Texas con poco capital. Aprovechó la crisis financiera para comprar propiedades y préstamos con problemas, revitalizándolos con gran éxito. Hoy dirige un conglomerado de casi 3.000 millones de dólares que abarca bienes raíces, atención médica y más.
Te puede interesar: La dependencia económica de Los Ángeles por la crisis económica de Hollywood
Rompiendo barreras como inmigrante multimillonario
De León está rompiendo barreras como uno de los mexicanos más ricos de Estados Unidos. Recuerda sus humildes comienzos y quiere ser un modelo para jóvenes latinos de entornos desfavorecidos. Su historia inspiradora demuestra cómo la determinación y el trabajo duro pueden llevarte a la cima, sin importar tus circunstancias de nacimiento.
Vía Forbes


