DeMejico es una fábrica de muebles del sur de California, fundada por padres inmigrantes mexicanos. Hace madera de estilo tradicional, con partes de acero que cruzan la frontera desde México. Hoy paga 25% de arancel en sus muebles de madera y 50% en sus partes de acero. Tuvo que subir precios hasta 20% en algunos productos solo para seguir operando.
DeMejico no es una corporación con departamento legal ni cadena de suministro global. Es justo el tipo de negocio que más está sintiendo el golpe arancelario, y justo el tipo de negocio que menos se menciona cuando se habla del tema.
El arancel no lo paga el país que exporta. Lo paga tu negocio
Hay una confusión común: pensar que el arancel es algo que pagan otros países. No es así. La Cámara de Comercio de Estados Unidos lo explica de forma directa: un arancel es un impuesto sobre productos importados, y lo paga la empresa o persona que recibe esos bienes al entrar a Estados Unidos. No el fabricante extranjero. El importador, aquí.
La Reserva Federal de Nueva York lo confirma con números: en los primeros ocho meses de 2025, el 94% del costo de los aranceles fue absorbido por importadores estadounidenses. Brookings encontró un patrón similar, cerca del 90%. El exportador extranjero apenas siente el golpe. Quien lo siente es el negocio de este lado de la frontera.
Por qué el golpe es más fuerte para el negocio pequeño
Una corporación grande puede absorber ese costo, negociarlo con proveedores o repartirlo entre cientos de productos. Un negocio pequeño no tiene ese colchón.
El Center for American Progress lo midió: entre marzo de 2025 y febrero de 2026, el pequeño importador promedio pagó $306,000 dólares más en aranceles comparado con el año anterior. Los pagos mensuales de pequeños importadores se triplicaron desde inicios de 2025.
En Texas, los importadores pagaron $1,500 millones de dólares en aranceles solo en marzo de 2025, un aumento de 167% frente al año anterior, quedando solo detrás de California en aranceles relacionados con órdenes ejecutivas. En el sur de California, dueños de talleres y tiendas reportan algo igual de grave que el costo en sí: proveedores de tela que cierran, tiempos de envío que pasaron de 30-60 días a más del doble, y empresarios trabajando sin sueldo para cubrir renta y nómina mientras el negocio sigue de pie.
Esto no es exclusivo de muebles o ropa. Reuters documentó retrasos en órdenes y congelamiento de contrataciones en minoristas de ropa que dependen de China y Vietnam. El patrón se repite en autopartes, alimentos, decoración y productos de consumo.
Por qué esto le pega directo a la comunidad latina
Los negocios latinos operan precisamente en los sectores más expuestos: comercio, construcción, alimentos, distribución, manufactura ligera y venta al detalle. Brookings reportó que en 2022 había más de 465,000 empresas latinas con empleados en Estados Unidos, generando más de $653,000 millones de dólares en ingresos y empleando a más de 3.5 millones de personas. Stanford reportó que casi la mitad de los negocios latinos opera internacionalmente.
Eso significa que no son espectadores de la política comercial. Están conectados a ella de forma directa. Cuando sube el costo de importar, no solo lo siente una cadena nacional. Lo siente el vendedor de mayoreo, el taller de costura, la tienda familiar, la marca pequeña de ecommerce y el distribuidor que compra producto para revender en su comunidad, como DeMejico.
La lección para tu negocio
Ya no basta con vender bien. Hoy también hay que comprar mejor: calcular el costo real de cada producto importado, diversificar proveedores, y entender que una decisión arancelaria en Washington puede terminar afectando la renta, la nómina y el precio final de lo que vendes en tu mostrador.
El arancel se presenta como una herramienta para proteger la economía nacional. Para miles de negocios pequeños, el resultado inmediato ha sido otro: más costo, más incertidumbre y menos margen.
El arancel no se queda en el puerto. Llega hasta el mostrador.


